La legendaria carrera en el desierto, la Baja 1000, es el lugar donde los planes suelen ir a morir: 40 horas, arena profunda, bancos de silt, camionetas Trophy Truck a toda velocidad que no frenan por nadie y ese tipo de fatiga extrema que convierte a la realidad en algo... opcional.
Tobias Pfeiffers no es un piloto de fábrica, ni un veterano del desierto, ni tan siquiera un candidato remotamente obvio.
Es un tipo común y corriente con una DR-Z400, un canal de YouTube y una tremenda terquedad, que intenta algo ampliamente considerado como una pésima idea: correr la Baja 1000 en dicha DRZ. Y esa es exactamente la razón por la que no puedes apartar la mirada.
Culo veo, culo quiero: la Baja 1000 en una DRZ
Toby no creció con un plan maestro para convertirse en piloto de off-road, ni en un YouTuber con ideas descabelladas, ya puestos.
Llegó aquí de la misma forma en que lo hacemos muchos: lo veo, me gusta, lo hago.
Durante el Covid, Toby pasó de recorrer Europa en furgoneta (con su bici de descenso en la parte trasera) a quedarse confinado en los Países Bajos, un país que él describe, con cariño, como «plano como un panqueque». El ciclismo de montaña sin montañas pierde el encanto muy rápido. Así que Toby hizo lo que hace cualquier persona inquieta cuando el mundo le dice que se quede quieta: ver películas. Escalada. Surf. Barro. Cualquier cosa que pareciera movimiento.
Hasta que una sesión nocturna en YouTube detonó su siguiente capítulo. «Me topé con el documental Paying the Price, sobre el camino de Toby Price hacia la victoria en el Rally Dakar. A mitad del metraje, hay un clip de Toby atacando a toda velocidad una sección de whoops… Es poesía en movimiento, y encendió tal fuego en mí que pausé la película de inmediato para reservar mi primera clase de moto».
Ese fue el instante en que surgió la idea: no como un pasatiempo sensato, sino como un «sí» rotundo que le sacudió todo el cuerpo.

La primera moto, la primera prueba
Toby empezó con una Honda CRF250L e hizo lo que mejor se les da a los guerreros de fin de semana: apañárselas para que funcionara.
«Me conseguí una Honda CRF250L y fui subiendo el nivel de forma lenta pero constante, pasando de pistas fáciles de tierra a terrenos cada vez más técnicos. El año pasado completé una serie de eventos de enduro holandeses sobre mi fiel Honda. ¿Era la máquina ideal para ese trabajo? Ni de lejos. ¿Logramos que funcionara? Totalmente».
Y entonces —porque, al parecer, Toby es alérgico a los objetivos pequeños— celebró el último evento de la temporada haciendo algo perfectamente normal: darse un baño y volver a ver YouTube.
«Di con la serie Into the Dust de Larry Janesky, que documentaba su intento de correr la Baja 1000 en solitario, en categoría Ironman. Lo vi, me encantó y quise hacerlo yo también».
Cuando «eso es una locura» se convierte en «voy a hacerlo»
La mayoría de la gente ve contenidos sobre la Baja 1000 y piensa: «Con todo respeto, paso».
Toby lo vio y empezó a hacer llamadas.
«Soy del tipo de persona que primero actúa y luego piensa. Tras ver Into the Dust, me metí en la cabeza que iba a correr esa carrera. Como mi canal de YouTube, The Dualsport Experiment, empezaba a ganar algo de impulso, contacté con Suzuki, cerramos un acuerdo de patrocinio y empecé a informarme sobre cómo prepararme.
Fue ahí cuando empecé a darme cuenta de lo jodidamente demente que es esta carrera».
Y no le falta razón.
«¿Estar sobre la moto durante 40 horas seguidas, de día y de noche, entre arena blanda y traicioneros bancos de silt, rodeado de cactus venenosos y Trophy Trucks que te pasan a 250 km/h, y donde la fatiga y las alucinaciones forman parte de la ecuación?..»
Toby no finge ser el candidato ideal.
«Pensar que puedo terminar esto siendo un aficionado medio de fin de semana en moto trail es increíblemente optimista, si no lisa y llanamente estúpido. Seré el primero en admitir que esto me supera con creces. Pero eso es precisamente lo que lo hace tan emocionante».
Y luego suelta la frase que explica a la perfección por qué esta historia engancha: «Me encanta soñar despierto con el ADN del Dakar que se esconde en lo más profundo de mi moto. Al fin y al cabo, desciende de la estirpe DR. Ahora tengo la oportunidad de comprobar si un tipo normal y corriente como yo, sobre su fiel trail, es capaz de sobrevivir a una carrera en el desierto tan brutal como esta. Para mí, hay algo sumamente romántico en ello».

La verdadera búsqueda: una historia que poder habitar
Si le preguntas a Toby qué es lo que persigue —demostrar algo, resetearse, el caos—, llega a una conclusión más sincera.
«Trabajé como periodista durante más de 10 años antes de pasarme a la producción audiovisual. Contar historias ha sido una parte fundamental de mi vida; quería hacer algo de cine en YouTube y este proyecto ofrecía la oportunidad perfecta de juntar dos cosas que me apasionan. En última instancia, diría que se trata de tener una historia dentro de la cual poder vivir».
Eso es lo que tienen los proyectos del «Gran Sufrimiento», como él los llama: no son solo un reto físico. Son una narrativa. Le dan forma a tus días.
Y Toby tiene un patrón claro.
«Cada vez que me meto en algo, suelo buscar lo más bestia que haya dentro de esa disciplina y voy a por ello».
Se apuntó a la Megavalanche en su primer año haciendo ciclismo de montaña. Pasó cuatro días congelándose para completar una larga travesía sobre hielo a bordo de un viejo y destartalado hidropedal, «porque la ruta llevaba 25 años sin congelarse del todo». Una semana después de empezar con el windsurf, planeó cruzar el canal de la Mancha en tabla (hasta que el windsurf falló en el requisito básico de cooperar).
«Quizá venga de haber visto tantas películas de aventuras, pero hay algo fascinante en los proyectos que exigen una enorme dosis de sufrimiento».
Por qué la DR-Z400 (y lo que ya sabe que va a odiar)
El plan de Toby para la Baja no es «comprar la moto de carreras perfecta». Es justo lo contrario.
«Para mí, las motos trail ligeras (dualsports) son las motos de aventura definitivas. Lo bastante ligeras y capaces para un off-road exigente, pero sin el mantenimiento obsesivo ni la potencia intimidante de una máquina de carreras pura».
Buscaba más par motor que en la CRF250L, manteniendo la fiabilidad como eje central. Justo entonces, Suzuki volvió a traer la DR-Z a Europa.
«La DRZ se siente viva al instante, lista para dar guerra». Aunque también vino acompañada de un recordatorio inmediato: estar «lista para dar guerra» no significa estar «lista para sobrevivir». «En una carrera de enduro poco después, hice la mejor tanda de mi vida… hasta que perdí el control y me estampé de cara contra el suelo a 77 km/h. Temía la llamada telefónica del día siguiente, pero en Suzuki se portaron de manera increíble».
Esa caída no acabó con el proyecto. De hecho, fue su detonante.
Le habló al responsable de relaciones públicas de Suzuki en los Países Bajos, Kristiaan Wulffraat, sobre sus planes en YouTube y su sueño de correr la Baja. Pocas semanas después, le llegó un correo: «"¿No tenías tú ciertos planes para el desierto? Deberías pasarte por aquí para charlar". Eso fue lo que puso en marcha el proyecto de la Baja».
Lo que desde luego no le va a poner las cosas fáciles a Toby es el peso de la moto.
«La DRZ es una moto trail ligera, pero como enduro es un auténtico muerto de pesada. Aunque, por otra parte, en 2009 el exdirector de Suzuki Bélgica, Mark Verriest, terminó el Dakar con una. ¡Es la prueba de que se puede lograr!».

«¿La Baja 1000… en una DRZ400?»
Las reacciones se dividen en tres bandos: el entusiasmo ciego, el realismo puro y esos escasos comentarios que de verdad importan. «La mayoría de la gente se emociona.
Otros son más realistas: "Estás subestimando esto" o "no te estás haciendo ningún favor con esa moto" son las frases más habituales. Y no les falta razón». Pero son los pilotos del desierto —los que de verdad saben de qué va esto— quienes lo mantienen centrado. «Sí, esto va a ser jodidamente duro, pero con la preparación adecuada y la mentalidad correcta, se puede conseguir».
¿Y si la DR-Z pudiera hablar? «Creo que literalmente gritaría: "¡Vamos con todo, joder!". Esta moto tiene garra».
Toby bromea mucho, pero no se toma los riesgos a la ligera. «Ahora mismo, en una escala de "lo tengo bajo control" a "estoy a punto de convertirme en una leyenda negra del desierto", estoy claramente del lado de la leyenda. Espero que sea una historia divertida, pero hay días en los que dudo de mí mismo. Soy plenamente consciente de los peligros de una carrera como esta. Hay muchos escenarios de abandono con los que puedo vivir en paz, pero también un par de ellos donde directamente no saldría vivo».
A viva voz, lo que más impone son los Trophy Trucks y los bancos de silt. (Lógico).
«También me preocupan un poco las alucinaciones… Puede que pierda la cabeza si empiezo a ver gnomos con ukeleles corriendo a mi alrededor; por lo visto es algo habitual entre corredores de ultramaratón, ¡y una carrera en el desierto como la Baja 1000 se parece mucho a eso!».
El miedo que calla es el que cualquier persona ambiciosa reconoce al instante: «Hay personas y marcas increíbles —incluida Enduristan— invirtiendo tiempo y recursos en mí, y lo último que quiero es defraudarlos».

El entrenamiento: el momento en que el desierto le puso en su sitio
Ahora mismo se está centrando en las bases: arena, whoops, velocidad y resistencia. Y ya ha tenido uno de esos días que te desmontan la confianza tornillo a tornillo. «Hace poco corrí mi primer enduro cross-country; estábamos a 38 grados y, en cuanto tragué la primera ráfaga de polvo de verdad, todo lo que creía saber sobre pilotar saltó por la ventana. La carrera fue un completo desastre y supuso un golpe de realidad tremendo». Pero lo verdaderamente importante no fue el resultado. «A pesar del sufrimiento extremo, no me rendí. Para ser un tipo tirillas, aguanto bastante bien el dolor».
Filosofía de preparación de la moto: sobrevivir primero
A la hora de preparar la moto, el enfoque de Toby no es «hazla rápida». Es «haz que vuelva a casa».
«Estoy montando la moto para que sobreviva. Las claves son las suspensiones, afinar bien la mezcla, solucionar la autonomía de combustible, el amortiguador de dirección y un sistema de equipaje sólido para llevar repuestos y lo imprescindible». En la Baja hay tramos enteros en los que la soledad es absoluta durante horas.
«Habrá tiradas de 300 kilómetros en las que no veré a un alma. Llevar encima lo necesario para salir del paso por ti mismo es vital».
Para su configuración de carrera, confía en la bolsa de manillar Handlebar Bag combinada con el Rally Pack de Enduristan, además de la mochila Hurricane 7. «Si mantenemos la moto en condiciones en cada parada de asistencia, limpiando filtros de aire, cambiando aceite y quizá sustituyendo el piñón de ataque a mitad de camino, confío en que la moto aguantará hasta el final».
Lo que de verdad le enseñará el desierto
Si le preguntas a Toby qué cree que le enseñará la Baja, no responde «velocidad».
Menciona lo que el desierto enseña invariablemente.
«¡Humildad, por encima de todo! Creo que como sociedad nos hemos malacostumbrado a controlarlo todo a nuestro alrededor, pero de tanto en tanto se nos recuerda que, cuando la Madre Naturaleza descarga toda su furia, nos espera un viaje sumamente duro. Aquí en Europa ya casi no experimentamos la crudeza de la naturaleza salvaje real. No sé si será de noche o tras vadear un mar de silt, pero tengo claro que estar ahí fuera a solas en condiciones desérticas implacables me acabará quebrando en algún punto».
Sin embargo, su mejor escenario soñado es aún más humano. «Mi mayor ilusión sería cruzar la línea de meta y llamar a mi madre para decirle que lo logré. Lleva cuatro años luchando contra un cáncer en estadio 4, y su entereza y resiliencia han sido mi mayor inspiración. Si consigo reunir tan solo la mitad de su fuerza, terminaré la carrera».

Quienes respaldan esta historia «en solitario»
Aunque Toby desafiará los arenales de la Baja en solitario, The Dualsport Experiment dista mucho de ser la fantasía de un lobo estepario.
Es un proyecto de equipo.
«Mi novia Roos, mis amigos Erwin y Ciska, Kristiaan y el increíble equipo de Suzuki, Claudia de Powersportcenter, la gente de Enduristan, el equipo de Unbreakable Academy y un sinfín de desconocidos en internet… Siento de corazón que la gente me apoya, comparte consejos y simplemente me anima a seguir.
Hay un trabajo colosal por delante y, a veces, puede resultar abrumador. Pero el comentario de un usuario en Reddit se me quedó grabado a fuego: cada vez que siento la presión, me acuerdo de lo afortunado que soy por estar en esta posición. Y: "Disfrútalo: no olvides que corremos para divertirnos"». Y otra cosa: llévate un peine para las espinas de los cactus. La Baja podrá ser cualquier cosa, menos poco romántica.
Cuando se le pregunta qué le diría a alguien que sueña con una locura parecida, Toby no vacila ni medio segundo.
«¡Le ayudaría a tirar su mochila por encima de la valla! Existe una teoría que dice, básicamente: "Comprométete con algo que deseas creando un punto de no retorno".
Si lanzas tu mochila al otro lado del muro, no te queda otra que saltarlo para recuperarla. Es facilísimo dejar que el día a día se interponga en tus sueños. A veces, la mejor forma de avanzar es comprometerse de golpe y resolver los problemas sobre la marcha. Además, sería su hombre en la esquina del ring. El tipo que te dice que no le des tantas vueltas cuando asomen las dudas, que te cuida las espaldas cuando las cosas se tuercen y que te jalea pase lo que pase. Me fascina ver a la gente lanzarse a por proyectos locos».
Según Toby, a menudo pensamos demasiado las cosas. Y si una aventura de semejante calibre intimida en exceso, las microaventuras son una base magnífica para empezar, siempre y cuando logres empujarte un poquito fuera de tu zona de confort.
La moto es la excusa
Toda la filosofía de Toby se resume en una única frase: «La moto es la excusa. El verdadero objetivo es demostrar que los aficionados de a pie como tú y como yo somos capaces de hacer cosas sobrehumanas si nos lo proponemos de verdad».
Ahora solo le queda cruzar la meta. Pero incluso antes de colocarse en la línea de salida, eso es lo que lo convierte en un auténtico embajador de Enduristan: ni la perfección, ni las poses impecables, ni fingir que lo tiene todo controlado.
Es la valentía de comprometerse —de arrojar la mochila al otro lado de la valla— y bregar con el barro de cara al público.
Porque las mejores historias de aventuras no son aquellas en las que todo sale a pedir de boca. Son aquellas en las que estás metido en camisa de once varas, te caes, levantas la moto y sigues adelante a pesar de todo… para descubrir de qué pasta estás hecho en algún punto incierto entre los baches y la oscuridad de la noche.
Leave a comment